jueves, 3 de diciembre de 2009

1956 Comienza la construcción de la población Rancagua Sur, la más grande de las existentes hasta entonces en la ciudad


La zona regada por los ríos Cachapoal y Colchagua es conocida por su gran fertilidad desde el período prehispánico. Hasta la conquista, esta región era habitada por los índigenas chiquillanes, quienes fueron derrotados en 1545 por los españoles y obligados a vivir, primero en encomiendas como las de Codegua, Doñihue y Pichidegua, y luego en pueblos de indios, destacando el de Malloa. Esta distribución de la población no significó la formación de centros urbanos y sólo por la política de fundación de ciudades fue creada, en 1742, la villa de San Fernando y un año después, la villa de Santa Cruz de Triana, sector que antes de los españoles era conocido como Rancahue (Rancagua). Ambas localidades, al igual que asentamientos menores como Rengo, fundado en 1629 y uno de los más antiguos de la región, Santa Cruz, Marchigüe y San Vicente de Tagua-Tagua; se convirtieron en productores vitivinícolas y establecieron un fuerte intercambio comercial con el resto del reino por medio del Camino Real y con el Virreinato de La Plata por la cordillera andina.




Durante el siglo XIX, los valles de Cachapoal y
Colchagua consolidaron esta orientación comercial,
aunque diversificándola con la producción cerealera.
Después de 1860, la construcción de líneas y puentes ferroviarios estimuló la expansión regional, superando los obstáculos territoriales, aumentando la población de localidades como Graneros y fomentando la aparición de pueblos como San Francisco de Mostazal. Hacia 1890 se intentó convertir a Pichilemu en puerto, pero la inseguridad de los embarques impidió su puesta en marcha, por lo que gran parte de aquella producción siguió siendo exportada por Constitución en el Maule y por Valparaíso.

De la mano de su raíz productiva, tanto el valle de Cachapoal como el de Colchagua, han sido considerados desde los orígenes de la colonia, como un espacio rural típico, que ha desarrollado fuertemente las características propias del campo chileno y las expresiones más características de las costumbres originarias de la identidad nacional.




Durante el siglo XX, Rancagua se convirtió definitivamente en el principal asentamiento regional. En ello fue crucial la explotación de yacimientos cupríferos cordilleranos vecinos por parte de la estadounidense Braden Cooper Company, como El Teniente (1906) y Sewell (1915), en donde se implementó una escala de trabajo industrial. A partir de 1940 y con el impulso de la CORFO, Rancagua aumentó el número de establecimientos agroindustriales. Todos estos factores llevaron a un sostenido aumento de la población de la ciudad, además de materializarse la instalación de infraestructura urbana moderna, como los tranvías eléctricos o el estadio El Teniente, que fue una de las sedes del Campeonato Mundial de Fútbol de 1962. No obstante, en paralelo a estos beneficios, surgieron problemas sociales como el aumento de las tomas de terrenos y la consecuente formación de poblaciones marginales, especialmente en el sector
sur-poniente de la ciudad.
Después de la reestructuración neoliberal de la década de 1970, ambos valles se apartaron del área industrial, orientándose a la exportación de vinos y frutas, mientras sólo El Teniente y pequeños yacimientos continuaron la extracción cuprífera.

Actualmente los desafíos de ambos valles están en el contexto de una economía globalizada, entre el rescate del valioso patrimonio arquitectónico regional y los problemas de marginalidad urbana, asociada al empleo transitorio de temporeras y temporeros en las empresas frutícolas.

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