jueves, 3 de diciembre de 2009

1965 Se aprueba una reforma educacional que establece cuatro niveles en el sistema: educación parvularia, básica, media y superio

El Estado de Bienestar Social


Protección social, inclusión política y expansión del gasto fiscal



Una de las transformaciones más significativas experimentadas por la sociedad chilena entre 1924 y 1973, fue el proceso de expansión de la influencia del Estado sobre las condiciones de vida de la población.

A partir del diagnóstico de los graves problemas representados por la cuestión social y la ausencia de garantías para el desenvolvimiento vital de los grupos más pobres de la sociedad, se inició, desde la década de 1920, el diseño e implementación de una serie de instituciones que buscaron cubrir las necesidades sanitarias, educativas, de vivienda y protección social de las clases trabajadoras de Chile. Este aumento de facultades del Estado se tradujo tanto en una expansión del gasto social, como en la articulación de organismos gubernamentales que darían origen al Estado de Bienestar.

A las mutuales y organizaciones de socorro mutuo, y a la legislación social promulgada entre inicios del siglo XX y el gobierno de Arturo Alessandri Palma, se sumarán a partir del primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, una serie de instituciones que buscaban responder de modo específico a las necesidades de protección social de los habitantes más pobres del país. De esa forma, en 1927, se constituyó el Ministerio de Bienestar Social, que tenía dentro de sus atribuciones el desarrollo de medidas de higiene, educación, protección del trabajo y previsión social. Ésta última se vio reforzada con la creación de instituciones como la Caja del Seguro Obrero Obligatorio y la Caja de Previsión de Empleados Particulares.

Sin embargo, la gran crisis mundial de 1929 detuvo muchas de estas iniciativas, las cuales sólo quedaron reflejadas en el diseño institucional, sin financiamiento ni personal capacitado para llevarlas a cabo.

Así, el conjunto de desafíos de asistencia social quedaron pendientes hasta la década de 1940, período en el que los distintos gobiernos se concentraron en la expansión de la cobertura de las distintas áreas del bienestar social, ampliando, en particular desde 1960, los servicios de educación, salud, previsión y vivienda de forma sustantiva. Ejemplos de lo anterior son la organización del Servicio Nacional de Salud (SNS) en 1952, la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB) en 1964 y la creación del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo en 1965.

En los treinta años comprendidos entre 1940 y 1970, el común de los habitantes de Chile pudo acceder a una mejor salud y previsión, una mayor cobertura educacional y planes de vivienda, todo acompañado de un marcado descenso de la mortalidad infantil. Sin embargo, el crecimiento de la población –que pasó de cuatro millones de habitantes a nueve millones entre 1940 y 1973-, el acelerado proceso de migración campo-ciudad y las dificultades económicas del período, en particular, la inflación y la insuficiencia de los ingresos estatales, se tradujeron en que una parte no menor de los chilenos, se mantuvieran como sectores excluidos de los beneficios del Estado. Esta situación se vio agravada con los cambios de orientación que sufrieron las políticas sociales a partir de 1973.

1964 - 1970 4 de septiembre. Eduardo Frei Montalva es elegido Presidente de la República de Chile, con una de las más altas votaciones históricas.

Eduardo Frei Montalva




Este movimiento y este hombre que esta aquí para hablarles,
representa la realización de grandes tareas en el porvenir de la Patria. Tareas que significan una revolución en libertad.
Una transformación profunda de Chile
Discurso de la Patria Joven, 1964


Eduardo Frei Montalva, Presidente de la República de Chile entre 1964 y 1970, es uno de los políticos más importantes del siglo XX, tanto por su capacidad intelectual y liderazgo político, como por liderar en su época a la clase media chilena, que soñaba con una “Revolución en Libertad”.

Nació en Santiago, en enero de 1911, en el seno de una familia conformada por un padre emigrante suizo-alemán y una madre chilena. Vivió parte de su infancia en Lontué, donde estudió en una escuela pública y luego internado en el Seminario Conciliar de Santiago. Posteriormente ingresó al Instituto de Humanidades Luis Campino, de donde egresó para estudiar leyes en la Universidad Católica de Chile, en 1929.

En la universidad, perteneció a una generación de jóvenes católicos conservadores vinculados con el pensamiento social cristiano, participando en la Revista de Estudiantes Católicos y en la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos. En 1932 terminó sus estudios obteniendo el “Gran Premio de la Universidad Católica de Chile” y se tituló de abogado al año siguiente. El mismo año partió invitado a Roma al Congreso Iberoamericano de la Juventud Católica, ocasión en la que aprovechó de recorrer Europa.

De vuelta en el país comenzó a escribir en el Diario Ilustrado y, posteriormente, se hizo cargo de la dirección del diario El Tarapacá de Iquique. Al mismo tiempo, participó del nacimiento de la Falange Nacional y su posterior fundación como partido independiente. Al comenzar la década del cuarenta, asumió la presidencia de la Falange y publicó su libro Política y Espíritu dando muestra de su capacidad intelectual. Asimismo, inició una meteórica carrera política que lo llevó a ser designado ministro de Obras Públicas en 1945 y electo senador por Atacama y Coquimbo en 1949.

En la década del cincuenta, desde su asiento en el Senado, se consolidó como una figura política de nivel nacional. En las elecciones parlamentarias de 1956 obtuvo la primera mayoría a senador por Santiago, comenzando a sonar su nombre como “presidenciable”. Al año siguiente, la unificación de la Falange con grupos sociales cristianos dio origen al Partido Demócrata Cristiano, a través de cual postuló en la elección presidencial de 1958, llegando tercero con el 20,5% de los votos. Su figura adquirió renombre internacional y fue invitado a Estados Unidos y Europa, mientras que en el país junto a su partido sedujeron a la clase media. En las elecciones presidenciales de 1964 obtuvo el triunfo con el 56% de los votos, gracias al apoyo de la derecha, quien lo ayudó con el fin de impedir el posible triunfo de Salvador Allende.

Desde la Presidencia de la República intentó llevar a cabo su “Revolución en Libertad”, un conjunto de reformas estructurales donde destacaron la Reforma Agraria, la Chilenización del Cobre y La Promoción Popular. Sin embargo, las dificultades para que estas reformas tuvieran impacto inmediato en la gente, la tenaz oposición de los partidos de Izquierda y Derecha y la inflación al final de su mandato hicieron caer su popularidad y terminó entregando la banda presidencial al candidato de la Unidad Popular.

Comienza así la última etapa de su vida marcada por su oposición al gobierno de Salvador Allende y la tragedia del 11 de septiembre de 1973. Su apoyo inicial al Golpe Militar rápidamente se convirtió en desilusión ante la dictadura de Augusto Pinochet, convirtiéndose en uno de sus más tenaces opositores, hasta su muerte el 22 de enero de 1982.

1962 15 de noviembre. El Presidente Jorge Alessandri Rodríguez promulga la ley sobre Reforma Agraria Nº 15.020

La Reforma Agraria

La tierra para el que la trabaja

En las primeras décadas del siglo XX la sociedad rural chilena mantuvo la estructura agraria tradicional, fundada en el predomino del gran latifundio y una jerarquía social rígida, autoritaria y paternalista. En vista de esta situación las demandas por una reforma agraria fueron desde comienzos de siglo una propuesta de los sectores progresistas del país, como fue en el caso de la campaña presidencial del Frente Popular, en 1938. Sin embargo, una vez en el poder, los gobiernos radicales decidieron privilegiar la industrialización en el mundo urbano, postergando al rural. Como consecuencia, cientos de miles de campesinos emigraron a las ciudades en busca de un mejor futuro, mientras que la economía agraria comenzó a experimentar una crisis profunda caracterizada por su incapacidad productiva, siendo necesario, en los años cincuenta, llegar a la importación de alimentos.

Al comenzar la década de 1960 la presión por una reforma agraria volvió a manifestarse en la sociedad chilena. Esta vez contó con el respaldo de la Iglesia Católica que repartió sus propias tierras entre los campesinos y con el apoyo de Estados Unidos a través de la “Alianza para el Progreso”. Enfrentado a las presiones, el gobierno de Jorge Alessandri promulgó en 1962 la primera ley de Reforma Agraria N° 15.020, la que permitió redistribuir tierras estatales entre campesinos y organizar instituciones fiscales para llevar a cabo la reforma en el campo.

Con la llegada al poder de la Democracia Cristiana, a través de la presidencia de Eduardo Frei Montalva, el proceso de reforma agraria alcanzó un impulso vertiginoso. Bajo el lema “la tierra para el que la trabaja” el programa reformista del nuevo gobierno buscó la modernización del mundo agrario mediante la redistribución de la tierra y la sindicalización campesina. Para lograr este objetivo se promulgó una nueva Ley de Reforma Agraria N° 16.640 y la Ley N° 16.625 que permitió la sindicalización campesina. Sobre la base de estos dos instrumentos legales se expropiaron alrededor de 1.400 predios agrícolas, 3,5 millones de hectáreas, y se organizaron más de 400 sindicatos que sumaron más de 100 mil campesinos. Al mismo tiempo, comenzaron a producirse huelgas y tomas masivas de predios que polarizaron a la sociedad agraria chilena.

El nuevo gobierno de Salvador Allende continuó el proceso de reforma agraria, utilizando los instrumentos legales promulgados por el anterior gobierno, con el fin de expropiar todos los latifundios y traspasarlos a la administración estatal, cooperativas agrícolas o asentamientos campesinos. Este proceso también estuvo acompañado de una gran efervescencia campesina que se expresó en la ocupación o tomas masivas de predios, desatándose en el mundo rural un clima de violencia y enfrentamiento.

Al producirse el golpe de Estado, el 11 de septiembre de 1973, la Unidad Popular había expropiado cerca de 4.400 predios agrícolas, que sumaban más de 6,4 millones de hectáreas. El viejo orden latifundista que había prevalecido por más de 400 años había llegado a su fin. En las dos décadas siguientes el modelo neoliberal irrumpió en el mundo rural, produciéndose el traspaso de la tierra a nuevos capitalistas, quienes modernizaron la producción agrícola y convirtieron en proletarios a los campesinos.

1961 Se funda la revista Historia del Instituto de Historia de la Universidad Católica

De la Academia a la Universidad

A principios del siglo XX, el cultivo de la historia como ciencia de investigación del pasado humano, estuvo en manos de miembros de la elite ilustrada nacional. Positivistas en su forma de hacer la historia, dedicaron su tiempo exclusivamente a los grandes temas de la política y a la recopilación de fuentes y archivos nacionales. Como una forma de vincularse y difundir sus estudios, un grupo de historiadores liderados por Enrique Matta Vial, reorganizaron en 1911 la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, difundiendo sus estudios a través de la Revista chilena de Historia y Geografía.

Unos años después, el mismo Matta Vial fundó la Revista chilena, donde se abordaban temas de investigación histórica orientados hacia la realidad nacional. En la década de 1930, surgió la Academia Chilena de la Historia. Fundada por destacados intelectuales de la época, fue inmediatamente declarada correspondiente de la Real Academia de la Historia de España. Al mismo tiempo fundaron el Boletín de la Academia Chilena de la Historia, publicación periódica que continua vigente hasta la actualidad.

Durante la primera mitad del siglo XX, ambas instituciones, con sus respectivas revistas se convirtieron en los espacios privilegiados de sociabilidad y de difusión de los estudios sobre nuestra historia.

Sin embargo, desde fines de la década de 1950, el cultivo de la historia se constituyó en una actividad preferentemente universitaria. Surgieron institutos o departamentos dedicados a la enseñanza e investigación del pasado, como también, publicaciones especializadas en las distintas materias de la historiografía nacional e internacional.

Entre las publicaciones universitarias han destacado la Revista chilena de historia del Derecho (1959), fundada por la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile; la revista Historia (1961), creada por el Instituto de Historia de la Universidad Católica de Chile; revista Nueva historia (1981), editada en Londres por exiliados agrupados en la Asociación de Historiadores Chilenos; los Cuadernos de historia (1981), realizada por los académicos del Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación de la Universidad de Chile; y Dimensión histórica de Chile (1984), una publicación del Departamento de Historia y Geografía de la entonces denominada Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago.
Las grandes catástrofes sísmicas de nuestra historia

Hoy, probablemente, muchos chilenos pueden acordarse dónde se encontraban durante los terremotos ocurridos en 1960 y 1985, e incluso los de más edad recordarán el de Chillán en 1939. En este sentido, los terremotos han sido una constante en toda la historia de Chile. Ubicado en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, Chile es una de las regiones más sísmicas del planeta. Bajo su territorio convergen la placa de Nazca y la placa continental americana, provocando periódicamente movimientos telúricos de diversa magnitud que en ocasiones provocan gigantescas catástrofes.

Desde tiempos prehispánicos, los pueblos indígenas tejieron una red de interpretaciones simbólicas y religiosas frente a los terremotos. Para la cultura mapuche, por ejemplo, los terremotos fueron percibidos como manifestaciones de un desequilibrio cósmico que debía ser recuperado a través de ofrendas y ritos propiciatorios a los dioses y a los espíritus de los antepasados. Ya durante los primeros años de la conquista, los españoles debieron sentir los efectos devastadores de la actividad sísmica propia de esta región. En mayo de 1647 ocurrió el mayor terremoto que registran las crónicas coloniales, el que redujo a escombros la ciudad de Santiago y provocó una aguda crisis económica en un país que, además, había sufrido devastadoras sequías; y que seis años después tendría que enfrentar un alzamiento general de la población indígena. Gran parte de la población solía atribuir los terremotos a alguna voluntad o castigo divino, y tras ellos se desataba una ola de fervor religioso.

A principios del siglo XX ocurrió uno de los terremotos más desastrosos de la era republicana. Valparaíso, principal puerto, centro financiero y comercial del país, fue destruido casi completamente en 1906. La ciudad, llamada “la perla del Pacífico”, quedó reducida a escombros y tuvo que ser reconstruida casi totalmente; sin contar los miles de muertos que quedaron atrapados bajo sus ruinas.

En 1939 le tocó el turno a la ciudad de Chillán y a toda la región circundante. La destrucción fue tal que obligó, tanto a las autoridades como a la población en general, a una mejor planificación y organización en las labores de reconstrucción y de rescate. Por otro lado, representó la oportunidad ideal para que el Parlamento aprobara la creación de la Corporación de Fomento y Reconstrucción (CORFO), institución a través de la cual el Estado dirigió la reconstrucción del país y el fomento de la actividad industrial.

En 1960 un nuevo terremoto, el más fuerte movimiento registrado en el mundo en los últimos 150 años, devastó las provincias de Cautín, Valdivia, Osorno, Llanquihue y Chiloé, teniendo como epicentro la ciudad de Valdivia. El sismo fue acompañado por un tsunami que provocó una inmensa ola que barrió con las ciudades costeras. Asimismo, el terremoto provocó el hundimiento de algunas zonas que quedaron sumergidas bajo el mar y un derrumbe en el río San Pedro que, de no haber sido solucionado rápidamente, habría arrasado completamente con lo que quedaba de la ciudad de Valdivia.

25 años después, en 1985 un nuevo sismo sacudió la Zona Central del país. Siendo considerado como el más destructivo en la región en los últimos dos siglos, el terremoto puso al descubierto la precariedad de las viviendas de adobe que abundaban en las ciudades y pueblos afectados.
Con el pasar del tiempo, los terremotos pasarían a formar parte de la identidad colectiva de los chilenos, quedando registrados en la cultura popular a través de la tradición oral.

El terremoto de 1960, que virtualmente arrasó el archipiélago, marcó el inicio de tres décadas de grandes cambios económicos y sociales. Chiloé entre 1960 y 1990 se integró definitivamente al país a partir del mejoramiento de los transportes y la introducción de relaciones económicas capitalistas que transformaron la tradicional economía de subsistencia, con la instalación de la industria salmonera, la apertura de mercados de exportación de productos marinos y el auge del turismo.

1960 Chile tiene una población total de 7.374.115 habitantes

Desarrollo y dinámica de la población en el siglo XX


La transformación de la sociedad chilena


Durante el siglo XX, la población chilena tuvo un fuerte crecimiento en comparación al siglo anterior, pasando de 3.231.022 habitantes en 1907 a 15.116.435 en el año 2002. Los cambios demográficos influyeron profundamente en la estructura social chilena, y fueron acompañados por un acelerado proceso de urbanización y redistribución territorial, que transformó a una sociedad de marcado carácter rural en una predominantemente urbana.

En la primera mitad del siglo XX el ritmo de incremento de la población chilena fue lento, pero siempre en ascenso. A pesar de que las tasas de natalidad se mantenían en niveles relativamente altos, las tasas de mortalidad continuaron siendo elevadas, particularmente en los niños menores de 5 años.

Aunque desde las primeras décadas del siglo se realizó un importante esfuerzo en materia de higiene y sanidad, recién en la década de 1940 se inició una etapa de expansión y consolidación del sistema público de salud, la que comenzó a tener efectos en la baja de las tasas de mortalidad infantil. Esto contribuyó a aumentar el ritmo de crecimiento de la población, que pasó de un 1,4 por ciento en el decenio 1920-1930 a 2,7 por ciento en el decenio 1950-1960. Este fenómeno, conocido como el “boom demográfico”, alcanzó su máxima expresión en la década de 1960, para luego decaer en las décadas siguientes.

Desde mediados de la década de 1960 se produjo una importante transformación sociodemográfica, caracterizada por la reducción del número de hijos por mujer. La extensión de los niveles de escolaridad, la acelerada urbanización, los cambios en la estructura productiva y la creciente integración de la mujer al mundo laboral trajeron consigo un descenso de la tasa de fecundidad, fenómeno al que también contribuyeron la aparición de nuevos métodos anticonceptivos y la difusión de éstos a través de programas públicos de salud. La baja en la tasa de fecundidad y el sostenido descenso de la mortalidad atenuaron el ritmo de crecimiento de la población y transformaron la estructura etaria de la población.

A mediados de la década de 1980 la población chilena tenía una estructura caracterizada por un alto porcentaje de niños y adolescentes, aunque éste ya había comenzado a disminuir en relación a las décadas anteriores. A partir de entonces, el país entró en una etapa avanzada de la transición demográfica, caracterizada por un paulatino envejecimiento de la población. La proporción de adultos mayores de 60 años ha aumentado a un ritmo mucho mayor al resto de la población total, llegando al 11,3 por ciento en el censo del 2002, porcentaje que se seguirá incrementando en los años siguientes. Ello trae consigo fuertes repercusiones en la estructura familiar y social del país, y constituye un enorme desafío para los sistemas de seguridad social, tanto en el ámbito de la salud como en el de la previsión.

Con el avance de la transición demográfica se han ido generando nuevos problemas, como la alta tasa de embarazo adolescente. Este fenómeno es un reflejo de los altos niveles de desigualdad social que caracterizan la sociedad chilena, así como las debilidades de los programas de educación y de salud sexual y reproductiva. Asimismo, hay sectores como los grupos indígenas que mantienen tasas de fecundidad mucho mayores al promedio de la población chilena, asociadas a altos índices de pobreza y marginalidad.

1959 21 de agosto. La Universidad Católica de Chile inicia sus transmisiones oficiales, públicas y periódicas de televisión en circuito abierto

Los orígenes de la televisión chilena



Entre la experimentación universitaria y la supervivencia económica

La televisión tardó aproximadamente quince años en llegar a los hogares chilenos. La ausencia de una ley orgánica de comunicaciones y los altos niveles arancelarios vigentes en el período, no estimularon la importación de cámaras, emisoras y receptores. Sin embargo, a pesar de estas dificultades, hubo diversas iniciativas particulares para desarrollar la televisión en Chile.

En 1958, la aprobación del reglamento de radiodifusión pareció resolver el vacío legal ya mencionado, lo cuál alentó a los empresarios a presentar más proyectos. Sin embargo, con el ascenso de Jorge Alessandri al poder, se produjeron nuevos obstáculos a la idea de traer la televisión a Chile pues, el presidente recién elegido, bloqueó sistemáticamente todos los intentos. Él pensaba que la televisión era algo innecesario que significaba sólo mayores gastos debido al alto costo que implicaba para el país la importación de equipos y para la población, la adquisición de los receptores.

No obstante, la influencia de las universidades en el desarrollo cultural del país facilitó que el presidente Jorge Alessandri permitiera el surgimiento de una televisión experimental universitaria. Así, el 21 de agosto de 1959 la Universidad Católica de Chile, a partir de un trabajo desarrollado desde 1952 por un grupo de jóvenes egresados de ingeniería, inició sus transmisiones oficiales públicas y periódicas en circuito abierto de televisión. Al día siguiente, el 22 de agosto de 1959, la Universidad Católica de Valparaíso inició sus propias transmisiones. Un año después se sumó la Universidad de Chile al transmitir oficialmente imágenes originadas de las investigaciones que, desde 1956, llevaban a cabo ingenieros de esa universidad.

Entre 1959 y 1962 la televisión se mantuvo en una etapa aún experimental y con escasa proyección pública. Transmitía en un horario reducido, tenía una programación tentativa y frecuentemente improvisada y no emitía publicidad, acatando lo dispuesto por la ley. No obstante, pronto se vio forzada a introducirla como un mecanismo de financiamiento.

El mundial de fútbol de 1962 impulsó la expansión de la televisión universitaria, mientras que las solicitudes privadas continuaron siendo negadas. Durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva la televisión universitaria se afianzó profundizando la función de entretener aunque, en consonancia con el escenario político, también se impulsó el desarrollo de algunos programas político sociales. Con la aparición de Televisión Nacional en 1968 se puso fin al sistema televisivo universitario circunscrito a las ciudades Santiago y Valparaíso, pues el gobierno no permitía su expansión a otras zonas, iniciándose una progresiva integración de las regiones del país a la nueva red de televisión pública, cuya programación más inclinada a lo comercial que a lo cultural estaba destinada a las grandes audiencias.