jueves, 3 de diciembre de 2009

1965 Se aprueba una reforma educacional que establece cuatro niveles en el sistema: educación parvularia, básica, media y superio

El Estado de Bienestar Social


Protección social, inclusión política y expansión del gasto fiscal



Una de las transformaciones más significativas experimentadas por la sociedad chilena entre 1924 y 1973, fue el proceso de expansión de la influencia del Estado sobre las condiciones de vida de la población.

A partir del diagnóstico de los graves problemas representados por la cuestión social y la ausencia de garantías para el desenvolvimiento vital de los grupos más pobres de la sociedad, se inició, desde la década de 1920, el diseño e implementación de una serie de instituciones que buscaron cubrir las necesidades sanitarias, educativas, de vivienda y protección social de las clases trabajadoras de Chile. Este aumento de facultades del Estado se tradujo tanto en una expansión del gasto social, como en la articulación de organismos gubernamentales que darían origen al Estado de Bienestar.

A las mutuales y organizaciones de socorro mutuo, y a la legislación social promulgada entre inicios del siglo XX y el gobierno de Arturo Alessandri Palma, se sumarán a partir del primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, una serie de instituciones que buscaban responder de modo específico a las necesidades de protección social de los habitantes más pobres del país. De esa forma, en 1927, se constituyó el Ministerio de Bienestar Social, que tenía dentro de sus atribuciones el desarrollo de medidas de higiene, educación, protección del trabajo y previsión social. Ésta última se vio reforzada con la creación de instituciones como la Caja del Seguro Obrero Obligatorio y la Caja de Previsión de Empleados Particulares.

Sin embargo, la gran crisis mundial de 1929 detuvo muchas de estas iniciativas, las cuales sólo quedaron reflejadas en el diseño institucional, sin financiamiento ni personal capacitado para llevarlas a cabo.

Así, el conjunto de desafíos de asistencia social quedaron pendientes hasta la década de 1940, período en el que los distintos gobiernos se concentraron en la expansión de la cobertura de las distintas áreas del bienestar social, ampliando, en particular desde 1960, los servicios de educación, salud, previsión y vivienda de forma sustantiva. Ejemplos de lo anterior son la organización del Servicio Nacional de Salud (SNS) en 1952, la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB) en 1964 y la creación del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo en 1965.

En los treinta años comprendidos entre 1940 y 1970, el común de los habitantes de Chile pudo acceder a una mejor salud y previsión, una mayor cobertura educacional y planes de vivienda, todo acompañado de un marcado descenso de la mortalidad infantil. Sin embargo, el crecimiento de la población –que pasó de cuatro millones de habitantes a nueve millones entre 1940 y 1973-, el acelerado proceso de migración campo-ciudad y las dificultades económicas del período, en particular, la inflación y la insuficiencia de los ingresos estatales, se tradujeron en que una parte no menor de los chilenos, se mantuvieran como sectores excluidos de los beneficios del Estado. Esta situación se vio agravada con los cambios de orientación que sufrieron las políticas sociales a partir de 1973.

1964 - 1970 4 de septiembre. Eduardo Frei Montalva es elegido Presidente de la República de Chile, con una de las más altas votaciones históricas.

Eduardo Frei Montalva




Este movimiento y este hombre que esta aquí para hablarles,
representa la realización de grandes tareas en el porvenir de la Patria. Tareas que significan una revolución en libertad.
Una transformación profunda de Chile
Discurso de la Patria Joven, 1964


Eduardo Frei Montalva, Presidente de la República de Chile entre 1964 y 1970, es uno de los políticos más importantes del siglo XX, tanto por su capacidad intelectual y liderazgo político, como por liderar en su época a la clase media chilena, que soñaba con una “Revolución en Libertad”.

Nació en Santiago, en enero de 1911, en el seno de una familia conformada por un padre emigrante suizo-alemán y una madre chilena. Vivió parte de su infancia en Lontué, donde estudió en una escuela pública y luego internado en el Seminario Conciliar de Santiago. Posteriormente ingresó al Instituto de Humanidades Luis Campino, de donde egresó para estudiar leyes en la Universidad Católica de Chile, en 1929.

En la universidad, perteneció a una generación de jóvenes católicos conservadores vinculados con el pensamiento social cristiano, participando en la Revista de Estudiantes Católicos y en la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos. En 1932 terminó sus estudios obteniendo el “Gran Premio de la Universidad Católica de Chile” y se tituló de abogado al año siguiente. El mismo año partió invitado a Roma al Congreso Iberoamericano de la Juventud Católica, ocasión en la que aprovechó de recorrer Europa.

De vuelta en el país comenzó a escribir en el Diario Ilustrado y, posteriormente, se hizo cargo de la dirección del diario El Tarapacá de Iquique. Al mismo tiempo, participó del nacimiento de la Falange Nacional y su posterior fundación como partido independiente. Al comenzar la década del cuarenta, asumió la presidencia de la Falange y publicó su libro Política y Espíritu dando muestra de su capacidad intelectual. Asimismo, inició una meteórica carrera política que lo llevó a ser designado ministro de Obras Públicas en 1945 y electo senador por Atacama y Coquimbo en 1949.

En la década del cincuenta, desde su asiento en el Senado, se consolidó como una figura política de nivel nacional. En las elecciones parlamentarias de 1956 obtuvo la primera mayoría a senador por Santiago, comenzando a sonar su nombre como “presidenciable”. Al año siguiente, la unificación de la Falange con grupos sociales cristianos dio origen al Partido Demócrata Cristiano, a través de cual postuló en la elección presidencial de 1958, llegando tercero con el 20,5% de los votos. Su figura adquirió renombre internacional y fue invitado a Estados Unidos y Europa, mientras que en el país junto a su partido sedujeron a la clase media. En las elecciones presidenciales de 1964 obtuvo el triunfo con el 56% de los votos, gracias al apoyo de la derecha, quien lo ayudó con el fin de impedir el posible triunfo de Salvador Allende.

Desde la Presidencia de la República intentó llevar a cabo su “Revolución en Libertad”, un conjunto de reformas estructurales donde destacaron la Reforma Agraria, la Chilenización del Cobre y La Promoción Popular. Sin embargo, las dificultades para que estas reformas tuvieran impacto inmediato en la gente, la tenaz oposición de los partidos de Izquierda y Derecha y la inflación al final de su mandato hicieron caer su popularidad y terminó entregando la banda presidencial al candidato de la Unidad Popular.

Comienza así la última etapa de su vida marcada por su oposición al gobierno de Salvador Allende y la tragedia del 11 de septiembre de 1973. Su apoyo inicial al Golpe Militar rápidamente se convirtió en desilusión ante la dictadura de Augusto Pinochet, convirtiéndose en uno de sus más tenaces opositores, hasta su muerte el 22 de enero de 1982.

1962 15 de noviembre. El Presidente Jorge Alessandri Rodríguez promulga la ley sobre Reforma Agraria Nº 15.020

La Reforma Agraria

La tierra para el que la trabaja

En las primeras décadas del siglo XX la sociedad rural chilena mantuvo la estructura agraria tradicional, fundada en el predomino del gran latifundio y una jerarquía social rígida, autoritaria y paternalista. En vista de esta situación las demandas por una reforma agraria fueron desde comienzos de siglo una propuesta de los sectores progresistas del país, como fue en el caso de la campaña presidencial del Frente Popular, en 1938. Sin embargo, una vez en el poder, los gobiernos radicales decidieron privilegiar la industrialización en el mundo urbano, postergando al rural. Como consecuencia, cientos de miles de campesinos emigraron a las ciudades en busca de un mejor futuro, mientras que la economía agraria comenzó a experimentar una crisis profunda caracterizada por su incapacidad productiva, siendo necesario, en los años cincuenta, llegar a la importación de alimentos.

Al comenzar la década de 1960 la presión por una reforma agraria volvió a manifestarse en la sociedad chilena. Esta vez contó con el respaldo de la Iglesia Católica que repartió sus propias tierras entre los campesinos y con el apoyo de Estados Unidos a través de la “Alianza para el Progreso”. Enfrentado a las presiones, el gobierno de Jorge Alessandri promulgó en 1962 la primera ley de Reforma Agraria N° 15.020, la que permitió redistribuir tierras estatales entre campesinos y organizar instituciones fiscales para llevar a cabo la reforma en el campo.

Con la llegada al poder de la Democracia Cristiana, a través de la presidencia de Eduardo Frei Montalva, el proceso de reforma agraria alcanzó un impulso vertiginoso. Bajo el lema “la tierra para el que la trabaja” el programa reformista del nuevo gobierno buscó la modernización del mundo agrario mediante la redistribución de la tierra y la sindicalización campesina. Para lograr este objetivo se promulgó una nueva Ley de Reforma Agraria N° 16.640 y la Ley N° 16.625 que permitió la sindicalización campesina. Sobre la base de estos dos instrumentos legales se expropiaron alrededor de 1.400 predios agrícolas, 3,5 millones de hectáreas, y se organizaron más de 400 sindicatos que sumaron más de 100 mil campesinos. Al mismo tiempo, comenzaron a producirse huelgas y tomas masivas de predios que polarizaron a la sociedad agraria chilena.

El nuevo gobierno de Salvador Allende continuó el proceso de reforma agraria, utilizando los instrumentos legales promulgados por el anterior gobierno, con el fin de expropiar todos los latifundios y traspasarlos a la administración estatal, cooperativas agrícolas o asentamientos campesinos. Este proceso también estuvo acompañado de una gran efervescencia campesina que se expresó en la ocupación o tomas masivas de predios, desatándose en el mundo rural un clima de violencia y enfrentamiento.

Al producirse el golpe de Estado, el 11 de septiembre de 1973, la Unidad Popular había expropiado cerca de 4.400 predios agrícolas, que sumaban más de 6,4 millones de hectáreas. El viejo orden latifundista que había prevalecido por más de 400 años había llegado a su fin. En las dos décadas siguientes el modelo neoliberal irrumpió en el mundo rural, produciéndose el traspaso de la tierra a nuevos capitalistas, quienes modernizaron la producción agrícola y convirtieron en proletarios a los campesinos.

1961 Se funda la revista Historia del Instituto de Historia de la Universidad Católica

De la Academia a la Universidad

A principios del siglo XX, el cultivo de la historia como ciencia de investigación del pasado humano, estuvo en manos de miembros de la elite ilustrada nacional. Positivistas en su forma de hacer la historia, dedicaron su tiempo exclusivamente a los grandes temas de la política y a la recopilación de fuentes y archivos nacionales. Como una forma de vincularse y difundir sus estudios, un grupo de historiadores liderados por Enrique Matta Vial, reorganizaron en 1911 la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, difundiendo sus estudios a través de la Revista chilena de Historia y Geografía.

Unos años después, el mismo Matta Vial fundó la Revista chilena, donde se abordaban temas de investigación histórica orientados hacia la realidad nacional. En la década de 1930, surgió la Academia Chilena de la Historia. Fundada por destacados intelectuales de la época, fue inmediatamente declarada correspondiente de la Real Academia de la Historia de España. Al mismo tiempo fundaron el Boletín de la Academia Chilena de la Historia, publicación periódica que continua vigente hasta la actualidad.

Durante la primera mitad del siglo XX, ambas instituciones, con sus respectivas revistas se convirtieron en los espacios privilegiados de sociabilidad y de difusión de los estudios sobre nuestra historia.

Sin embargo, desde fines de la década de 1950, el cultivo de la historia se constituyó en una actividad preferentemente universitaria. Surgieron institutos o departamentos dedicados a la enseñanza e investigación del pasado, como también, publicaciones especializadas en las distintas materias de la historiografía nacional e internacional.

Entre las publicaciones universitarias han destacado la Revista chilena de historia del Derecho (1959), fundada por la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile; la revista Historia (1961), creada por el Instituto de Historia de la Universidad Católica de Chile; revista Nueva historia (1981), editada en Londres por exiliados agrupados en la Asociación de Historiadores Chilenos; los Cuadernos de historia (1981), realizada por los académicos del Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación de la Universidad de Chile; y Dimensión histórica de Chile (1984), una publicación del Departamento de Historia y Geografía de la entonces denominada Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago.
Las grandes catástrofes sísmicas de nuestra historia

Hoy, probablemente, muchos chilenos pueden acordarse dónde se encontraban durante los terremotos ocurridos en 1960 y 1985, e incluso los de más edad recordarán el de Chillán en 1939. En este sentido, los terremotos han sido una constante en toda la historia de Chile. Ubicado en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, Chile es una de las regiones más sísmicas del planeta. Bajo su territorio convergen la placa de Nazca y la placa continental americana, provocando periódicamente movimientos telúricos de diversa magnitud que en ocasiones provocan gigantescas catástrofes.

Desde tiempos prehispánicos, los pueblos indígenas tejieron una red de interpretaciones simbólicas y religiosas frente a los terremotos. Para la cultura mapuche, por ejemplo, los terremotos fueron percibidos como manifestaciones de un desequilibrio cósmico que debía ser recuperado a través de ofrendas y ritos propiciatorios a los dioses y a los espíritus de los antepasados. Ya durante los primeros años de la conquista, los españoles debieron sentir los efectos devastadores de la actividad sísmica propia de esta región. En mayo de 1647 ocurrió el mayor terremoto que registran las crónicas coloniales, el que redujo a escombros la ciudad de Santiago y provocó una aguda crisis económica en un país que, además, había sufrido devastadoras sequías; y que seis años después tendría que enfrentar un alzamiento general de la población indígena. Gran parte de la población solía atribuir los terremotos a alguna voluntad o castigo divino, y tras ellos se desataba una ola de fervor religioso.

A principios del siglo XX ocurrió uno de los terremotos más desastrosos de la era republicana. Valparaíso, principal puerto, centro financiero y comercial del país, fue destruido casi completamente en 1906. La ciudad, llamada “la perla del Pacífico”, quedó reducida a escombros y tuvo que ser reconstruida casi totalmente; sin contar los miles de muertos que quedaron atrapados bajo sus ruinas.

En 1939 le tocó el turno a la ciudad de Chillán y a toda la región circundante. La destrucción fue tal que obligó, tanto a las autoridades como a la población en general, a una mejor planificación y organización en las labores de reconstrucción y de rescate. Por otro lado, representó la oportunidad ideal para que el Parlamento aprobara la creación de la Corporación de Fomento y Reconstrucción (CORFO), institución a través de la cual el Estado dirigió la reconstrucción del país y el fomento de la actividad industrial.

En 1960 un nuevo terremoto, el más fuerte movimiento registrado en el mundo en los últimos 150 años, devastó las provincias de Cautín, Valdivia, Osorno, Llanquihue y Chiloé, teniendo como epicentro la ciudad de Valdivia. El sismo fue acompañado por un tsunami que provocó una inmensa ola que barrió con las ciudades costeras. Asimismo, el terremoto provocó el hundimiento de algunas zonas que quedaron sumergidas bajo el mar y un derrumbe en el río San Pedro que, de no haber sido solucionado rápidamente, habría arrasado completamente con lo que quedaba de la ciudad de Valdivia.

25 años después, en 1985 un nuevo sismo sacudió la Zona Central del país. Siendo considerado como el más destructivo en la región en los últimos dos siglos, el terremoto puso al descubierto la precariedad de las viviendas de adobe que abundaban en las ciudades y pueblos afectados.
Con el pasar del tiempo, los terremotos pasarían a formar parte de la identidad colectiva de los chilenos, quedando registrados en la cultura popular a través de la tradición oral.

El terremoto de 1960, que virtualmente arrasó el archipiélago, marcó el inicio de tres décadas de grandes cambios económicos y sociales. Chiloé entre 1960 y 1990 se integró definitivamente al país a partir del mejoramiento de los transportes y la introducción de relaciones económicas capitalistas que transformaron la tradicional economía de subsistencia, con la instalación de la industria salmonera, la apertura de mercados de exportación de productos marinos y el auge del turismo.

1960 Chile tiene una población total de 7.374.115 habitantes

Desarrollo y dinámica de la población en el siglo XX


La transformación de la sociedad chilena


Durante el siglo XX, la población chilena tuvo un fuerte crecimiento en comparación al siglo anterior, pasando de 3.231.022 habitantes en 1907 a 15.116.435 en el año 2002. Los cambios demográficos influyeron profundamente en la estructura social chilena, y fueron acompañados por un acelerado proceso de urbanización y redistribución territorial, que transformó a una sociedad de marcado carácter rural en una predominantemente urbana.

En la primera mitad del siglo XX el ritmo de incremento de la población chilena fue lento, pero siempre en ascenso. A pesar de que las tasas de natalidad se mantenían en niveles relativamente altos, las tasas de mortalidad continuaron siendo elevadas, particularmente en los niños menores de 5 años.

Aunque desde las primeras décadas del siglo se realizó un importante esfuerzo en materia de higiene y sanidad, recién en la década de 1940 se inició una etapa de expansión y consolidación del sistema público de salud, la que comenzó a tener efectos en la baja de las tasas de mortalidad infantil. Esto contribuyó a aumentar el ritmo de crecimiento de la población, que pasó de un 1,4 por ciento en el decenio 1920-1930 a 2,7 por ciento en el decenio 1950-1960. Este fenómeno, conocido como el “boom demográfico”, alcanzó su máxima expresión en la década de 1960, para luego decaer en las décadas siguientes.

Desde mediados de la década de 1960 se produjo una importante transformación sociodemográfica, caracterizada por la reducción del número de hijos por mujer. La extensión de los niveles de escolaridad, la acelerada urbanización, los cambios en la estructura productiva y la creciente integración de la mujer al mundo laboral trajeron consigo un descenso de la tasa de fecundidad, fenómeno al que también contribuyeron la aparición de nuevos métodos anticonceptivos y la difusión de éstos a través de programas públicos de salud. La baja en la tasa de fecundidad y el sostenido descenso de la mortalidad atenuaron el ritmo de crecimiento de la población y transformaron la estructura etaria de la población.

A mediados de la década de 1980 la población chilena tenía una estructura caracterizada por un alto porcentaje de niños y adolescentes, aunque éste ya había comenzado a disminuir en relación a las décadas anteriores. A partir de entonces, el país entró en una etapa avanzada de la transición demográfica, caracterizada por un paulatino envejecimiento de la población. La proporción de adultos mayores de 60 años ha aumentado a un ritmo mucho mayor al resto de la población total, llegando al 11,3 por ciento en el censo del 2002, porcentaje que se seguirá incrementando en los años siguientes. Ello trae consigo fuertes repercusiones en la estructura familiar y social del país, y constituye un enorme desafío para los sistemas de seguridad social, tanto en el ámbito de la salud como en el de la previsión.

Con el avance de la transición demográfica se han ido generando nuevos problemas, como la alta tasa de embarazo adolescente. Este fenómeno es un reflejo de los altos niveles de desigualdad social que caracterizan la sociedad chilena, así como las debilidades de los programas de educación y de salud sexual y reproductiva. Asimismo, hay sectores como los grupos indígenas que mantienen tasas de fecundidad mucho mayores al promedio de la población chilena, asociadas a altos índices de pobreza y marginalidad.

1959 21 de agosto. La Universidad Católica de Chile inicia sus transmisiones oficiales, públicas y periódicas de televisión en circuito abierto

Los orígenes de la televisión chilena



Entre la experimentación universitaria y la supervivencia económica

La televisión tardó aproximadamente quince años en llegar a los hogares chilenos. La ausencia de una ley orgánica de comunicaciones y los altos niveles arancelarios vigentes en el período, no estimularon la importación de cámaras, emisoras y receptores. Sin embargo, a pesar de estas dificultades, hubo diversas iniciativas particulares para desarrollar la televisión en Chile.

En 1958, la aprobación del reglamento de radiodifusión pareció resolver el vacío legal ya mencionado, lo cuál alentó a los empresarios a presentar más proyectos. Sin embargo, con el ascenso de Jorge Alessandri al poder, se produjeron nuevos obstáculos a la idea de traer la televisión a Chile pues, el presidente recién elegido, bloqueó sistemáticamente todos los intentos. Él pensaba que la televisión era algo innecesario que significaba sólo mayores gastos debido al alto costo que implicaba para el país la importación de equipos y para la población, la adquisición de los receptores.

No obstante, la influencia de las universidades en el desarrollo cultural del país facilitó que el presidente Jorge Alessandri permitiera el surgimiento de una televisión experimental universitaria. Así, el 21 de agosto de 1959 la Universidad Católica de Chile, a partir de un trabajo desarrollado desde 1952 por un grupo de jóvenes egresados de ingeniería, inició sus transmisiones oficiales públicas y periódicas en circuito abierto de televisión. Al día siguiente, el 22 de agosto de 1959, la Universidad Católica de Valparaíso inició sus propias transmisiones. Un año después se sumó la Universidad de Chile al transmitir oficialmente imágenes originadas de las investigaciones que, desde 1956, llevaban a cabo ingenieros de esa universidad.

Entre 1959 y 1962 la televisión se mantuvo en una etapa aún experimental y con escasa proyección pública. Transmitía en un horario reducido, tenía una programación tentativa y frecuentemente improvisada y no emitía publicidad, acatando lo dispuesto por la ley. No obstante, pronto se vio forzada a introducirla como un mecanismo de financiamiento.

El mundial de fútbol de 1962 impulsó la expansión de la televisión universitaria, mientras que las solicitudes privadas continuaron siendo negadas. Durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva la televisión universitaria se afianzó profundizando la función de entretener aunque, en consonancia con el escenario político, también se impulsó el desarrollo de algunos programas político sociales. Con la aparición de Televisión Nacional en 1968 se puso fin al sistema televisivo universitario circunscrito a las ciudades Santiago y Valparaíso, pues el gobierno no permitía su expansión a otras zonas, iniciándose una progresiva integración de las regiones del país a la nueva red de televisión pública, cuya programación más inclinada a lo comercial que a lo cultural estaba destinada a las grandes audiencias.

1958 Con el apoyo de la derecha, Jorge Alessandri Rodríguez es elegido presidente de Chile




La defensa de los valores tradicionales


A mediados de la década de 1930, se inauguró un nuevo discurso político que identificaba como izquierdas al Frente Popular conformado por las fuerzas políticas socialistas, comunistas y radicales y como sus rivales a la derecha que reunía a liberales y conservadores. Estas aglomeraciones políticas y sus enfrentamientos por el poder, dominaron la escena política chilena durante gran parte del siglo XX.

Desde el punto de vista ideológico, la derecha era reconocida por la izquierda como fuerzas reaccionarias ligadas a los intereses del gran capital y el latifundio, mientras que ellas se presentaban a sí mismas, como defensoras de los valores patrióticos, católicos y de la economía de libre mercado. Los partidos políticos que conformaban la derecha en la década del treinta eran los antiguos partidos decimonónicos conservador y liberal. El primero estaba fuertemente ligado a la Iglesia Católica y a los empresarios del sector agrario, mientras que el segundo se relacionaba con la tradición liberal laica, los intereses económicos de la industria, la banca y el comercio.

De acuerdo a la tradición del siglo XIX, ambos partidos estuvieron en permanente conflicto por el liderazgo de la derecha y sólo marcharon unidos en sus enfrentamientos por la Primera Magistratura contra las presidenciales de 1938 y 1942, donde sus candidatos perdieron estrechamente ante los del Frente Popular. En la elección presidencial de 1946 se presentaron divididos, obteniendo entre sus dos candidatos obtuvieron sobre el 50 por ciento de la votación contra un 40,1 por ciento del candidato de izquierda Gabriel González Videla, quien resultó electo. Esta dolorosa derrota aumentó la división entre los partidos liberal y conservador. Sin embargo, en las presidenciales de 1952, se unieron tras la candidatura de Arturo Matte, pero fueron ampliamente derrotados por Carlos Ibáñez del Campo.

En la elección presidencial de 1958 apoyaron la candidatura independiente de Jorge Alessandri Rodríguez, quien resultó electo con sólo un 31,6 por ciento. Durante este gobierno, la derecha apoyó desde el parlamento la gestión pro mercado de Alessandri, pero las fuertes demandas sociales y el fracaso de la política económica debilitaron tanto al presidente y a los partidos oficialistas. Es así como en las elecciones de 1964, la derecha renunció levantar un candidato propio y apoyó la candidatura de Eduardo Frei Montalva, líder de la Democracia Cristiana.

El ascenso de la Democracia Cristiana, sus políticas reformistas y la fuerte baja electoral en las parlamentarias de 1965, llevaron a la unión de liberales, conservadores y nacionalistas en un sólo referente político: el Partido Nacional. Este nuevo partido tuvo como principal objetivo enfrentar el ascenso de la izquierda y sus propuestas revolucionarias, sobre todo tras el triunfo de Salvador Allende en 1970. Dos años después se estableció una alianza con la Democracia Cristiana para enfrentar a la Unidad Popular, la que se mantuvo hasta el Golpe Militar del 11 de septiembre de 1973. Tras decretarse la disolución de los partidos políticos, numerosos integrantes del disuelto Partido Nacional se integraron al gobierno militar liderado por el general Augusto Pinochet.

1957 Se realiza un Congreso de Unidad en el que confluyen el Partido Socialista Popular y el Partido Socialista de Chile

Socialistas a luchar, resueltos a vencer

Los antecedentes del pensamiento socialista en Chile se remontan a mediados del siglo XIX, cuando Francisco Bilbao y Santiago Arcos levantaron el discurso de la igualdad en la sociedad chilena. Estas ideas tomaron fuerza en el mundo obrero a principios del siglo XX y los ideales mutualistas, socialistas, anarquistas y comunistas se difundieron a través de la escritura y la voz de líderes como Luis Emilio Recabarren. Por otra parte, el impacto de la revolución bolchevique en Rusia dio nuevos impulsos a los movimientos revolucionarios, que en la década del veinte se identificaron con el movimiento comunista mundial, surgiendo el Partido Comunista de Chile.

La Gran Depresión de 1930 sumergió a los sectores populares y medios del país en una grave crisis que los llevó a simpatizar con las ideas socialistas, expresándose en la instauración de la breve República Socialista, de 1932. La idea de fundar un partido político que uniera a los diferentes movimientos que se identificaban con el socialismo cristalizó en la fundación del Partido Socialista de Chile, el 19 de Abril de 1933.

El partido obtuvo rápidamente respaldo popular. En 1938 participó en la formación del Frente Popular, que llevó a la presidencia a Pedro Aguirre Cerda. Su participación en los gobiernos radicales fue intermitente, debido a los continuos conflictos con las políticas de la alianza gobernante. Esta situación acentuó las diferencias al interior de la colectividad, hasta provocar la división del Partido Socialista en varias facciones: el Partido Socialista Auténtico, el Partido Socialista de Chile y Partido Socialista Popular.



En 1957 se llevó a efecto el llamado "congreso de unidad", donde confluyeron las distintas facciones. Un año después, el socialista Salvador Allende, perdió estrechamente la elección presidencial ante Jorge Alessandri. A pesar de la derrota, la unificación del socialismo disponía de un nuevo líder, quien encabezó la alianza con el partido Comunista que culminó con el triunfo presidencial de 1970. El fracaso del gobierno de la Unidad Popular, sumergió al socialismo en la represión, el exilio y la división.



En la década del ochenta las facciones socialistas resurgieron como activas opositoras al gobierno de Pinochet. Un sector, el de los llamados “socialistas renovados”, en alianza con la Democracia Cristiana, logró una salida consensuada con el régimen militar, señalando el retorno a la democracia y la participación de los socialistas en los tres últimos gobiernos de la “Concertación de partidos por la Democracia”. Este proceso también significó concretar la unidad del partido Socialista el 27 de diciembre de 1989, y que un militante de sus filas alcanzara la presidencia de la República el año 2000: Ricardo Lagos Escobar.

Partido Demócrata Cristiano

Porque el sol vuelve a brillar
es la Democracia Cristiana
Himno de la DC



En los últimos cincuenta años el Partido Demócrata Cristiano ha sido un actor fundamental en el sistema político chileno, obteniendo una gran adhesión electoral que permitió a tres de sus militantes ser Presidentes de la República.

El Partido Demócrata Cristiano fue fundado el 28 de Julio de 1957 en el Salón de Honor del Congreso Nacional, mediante la unión de la Falange Nacional, el partido Conservador Social Cristiano, el Partido Nacional Cristiano y un grupo proveniente del Agrario Laborismo. El liderazgo de la nueva agrupación política quedó en manos de los hombres de la Falange Nacional y del recién electo senador por Santiago Eduardo Frei Montalva, quien comenzó a perfilarse como una figura presidencial. Se presentó como una alternativa al capitalismo y al socialismo, donde se privilegió la estrategia del “camino propio” para llegar al poder y solucionar lo que denominaron “crisis integral” de Chile.

Su ascenso político fue extraordinario, pues de un 9,4% en las elecciones parlamentarias de 1957 aumentaron a un 22,8% en la elección municipal de 1963. Al año siguiente, el partido obtuvo el triunfo de su candidato Eduardo Frei Montalva en las elecciones presidenciales bajo la consigna de una “Revolución en Libertad”. Un año después, en las elecciones parlamentarias de 1965 el partido obtuvo el 43,6% de los votos, convirtiéndose en el partido más importante de Chile.

Sin embargo, la tesis del “camino propio” polarizó el sistema político, porque la derecha se sintió traicionada por la Reforma Agraria y la izquierda se vio obligada a radicalizar su discurso ante los avances de sus reformas. Asimismo, el partido enfrentó una división interna, debido a la salida de un grupo importante de militantes para fundar el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), en 1969. Al año siguiente, su candidato llegó tercero en la elección presidencial, lo que puso fin al sueño de “treinta años de gobiernos democratacristianos”.




La polarización y lucha social que desató el proceso revolucionario de la Unidad Popular provocó en el partido una división interna. Un pequeño grupo de militantes fundó el Partido Izquierda Cristiana para apoyar el gobierno de Salvador Allende, pero la gran mayoría estuvo a favor de una alianza con la derecha para enfrentar a la Unidad Popular y el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Sin embargo, rápidamente el partido demócrata cristiano pasó a encabezar la oposición al régimen militar, liderando una alianza política con la izquierda que derrotó al General Augusto Pinochet en el plebiscito de 1988.

Al año siguiente, la Concertación de Partidos por la Democracia llevó al demócrata cristiano Patricio Aylwin Azócar a la presidencia de la República y el partido obtuvo en las parlamentarias el 26,6% de los votos. La buena gestión de la administración de Aylwin permitió que en la siguiente elección presidencial (1993) volviera a triunfar un militante del partido, Eduardo Frei Ruiz-Tagle. En las elecciones parlamentarias del 2001, la Democracia Cristiana, perdió su condición de principal partido de Chile.

La Falange Nacional y el Partido Conservador Social Cristiano 28 de julio de 1957

La Falange Nacional

Al concluir el siglo XIX, los militantes del Partido Conservador chileno podían sentirse satisfechos de haber cumplido sus objetivos de mantener el orden social y preservar, aunque no intactas, las prerrogativas de la Iglesia Católica frente al poder civil. Sin embargo, estos logros no conformaron la conciencia de algunos de sus más ilustrados miembros, estremecida por la evidente pobreza en que vivía la mayor parte de los chilenos, las injusticias sociales y el avance de los movimientos revolucionarios de signo antirreligioso. Por lo demás, esta apreciación no era ajena a la propia Iglesia Católica que a partir de la promulgación de la encíclica Rerum Novarum en 1891, comienza a cuestionar el orden social a partir del evangelio. En el país, ésta sensibilidad prendió entre algunos intelectuales católicos que se abocaron al estudio de la pobreza y las formas de mitigarla y, dentro del partido, configuró una corriente social cristiana que le permitió renovar su discurso y sus propósitos, aunque sin llegar a cuestionar la legitimidad de la forma en que se organizaban la sociedad, la economía y la política.

El colapso del régimen parlamentario, la activación de los movimientos sociales producto de la crisis económica de 1929, el surgimiento en el mundo de modelos políticos no liberales y el fragor de la movilización estudiantil que terminó con la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo, fueron el clima propicio para que un grupo de la Juventud Conservadora asumiera una posición crítica frente a la línea oficial del partido, limitada a defender el status quo de la sociedad y, a predicar la resignación entre los pobres y la caridad entre los ricos. Los jóvenes, en oposición, pensaban que desde el Estado debían impulsarse reformas que remediaran las necesidades del pueblo y estimularan la colaboración entre los distintos estamentos de la sociedad

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Las diferencias con los adultos se agudizaron hasta que, al finalizar el segundo gobierno de Arturo Alessandri, la juventud del partido decidió apoyar a Pedro Aguirre Cerda en los comicios presidenciales de 1938, candidato del Frente Popular que representaba a los estratos medios y bajos. El quiebre derivó en la formación de un nuevo referente político: la Falange Nacional, donde confluía un selecto grupo de profesionales formado en las enseñanzas sociales de la Iglesia y algunos diputados conservadores afines a la tendencia social cristiana.

La labor pública falangista destacó inmediatamente por la calidad de sus militantes y la claridad de sus postulados. Sin apoyar incondicionalmente al Frente Popular, la Falange respaldó su proyecto de desarrollo económico inducido por el Estado y sólo ingresó al gobierno en 1945, cuando la alianza que lo sustentaba comenzó a fracturarse. La Falange se opuso entonces a la proscripción del Partido Comunista, impulsada por el gobierno de Gabriel González Videla. Esta postura, que anteponía la ética al poder, puso a la Falange inmediatamente en el lado contrario de casi todas las demás fuerzas políticas que apoyaban la proscripción legal del Partido Comunista, pero le permitió allegar el respeto y consideración de la clase media y el mundo popular. La maduración de los postulados falangistas se expresó en la doctrina del humanismo cristiano a la que adhirieron personas provenientes de todos los estratos sociales y sectores políticos y que, interpretados por la consigna “revolución en libertad”, formarían un nuevo partido: la Democracia Cristiana.

1957 10 de enero. Gabriela Mistral muere en el Hospital de Hempstead, Nueva York (biografia )


Lucila Godoy, llamada Gabriela Mistral (conocida mejor como Gabriela Mistral), escritora chilena. Hija de un maestro rur

al, que abandonó el hogar a los tres años del nacimiento de Gabriela, la muchacha tuvo una niñez difícil en uno de los parajes más desolados de Chile. A los 15 años publicó sus primeros versos en la prensa local, y empezó a estudiar para maestra. En 1906 se enamoró de un modesto empleado de ferrocarriles, Romelio Ureta, que, por causas desconocidas, se suicidó al poco tiempo; de la enor

me impresión que le causó aquella pérdida surgieron sus primeros versos importantes. En 1910 obtuvo el título de maestra en Santiago, y cuatro años después se produjo su consagración poética en los juegos florales de la capital de Chile; los versos ganadores- Los sonetos de la muerte- pertenecen a su libro Desolación (1922), que publicaría el instituto de las Españas de Nueva York. En 1925 dejó la enseñanza, y, tras actuar como representante de Chile en el Instituto de cooperación intelectual de la S.D.N., fue cónsul en Nápoles y en Lisboa. Vuelta a su patria colaboró decisivamente en la campaña electoral del Frente popular (1938), que llevó a la presidencia de la república a su amigo de juventud P. Aguirre Cerda. En 1945 recibió el premio Nobel de literatura; viajó por todo el mundo, y en 1951 recogió en su país el premio nacional.


En 1953 se le nombra Cónsul de Chile en Nueva York. Participa en la Asamblea de Las Naciones Unidas representando a Chile. En 1954 viene a Chile y se le tributa un homenaje oficial. Regresa a los Estados Unidos.

El Gobierno de Chile le acuerda en 1956 una pensión especial por la Ley que se promulga en el mes de noviembre.

En1957, después de una larga enfermedad, muere el 10 de enero, en el Hospital General de Hempstead, en Nueva York. Sus restos reciben el homenaje del pueblo chileno, declarándose tres días de duelo oficial. Los funerales constituyen una apoteosis. Se le rinden homenajes en todo el Continente y en la mayoría de los países del mundo.

La obra poética de Gabriela Mistral surge del modernismo, más concretamente de Amado Nervo, aunque también se aprecia la influencia de Frédéric Mistral (de quién tomó el seudónimo) y el recuerdo del estilo de la Biblia. De algunos momentos de Rubén Darío tomó, sin duda, la principal de sus características: la ausencia de retórica y el gusto por el lenguaje coloquial. A pesar de sus imágenes violentas y su gusto por los símbolos, fue, sin embargo, absolutamente refractaria a la "poesía pura", y, ya en 1945, rechazó un prólogo de P. Valéry a la versión francesa de sus versos. Sus temas predilectos fueron: la maternidad, el amor, la comunión con la naturaleza americana, la muerte como destino, y, por encima de todos, un extraño panteísmo religioso, que, no obstante, persiste en la utilización de las referencias concretas al cristianismo. Al citado Desolación siguieron los libros Lecturas para mujeres destinadas a la enseñanza del lenguaje (1924); Ternura (1924), canciones para niños; Tala (1938); Poemas de las madres (1950), y Lagar (1954). Póstumamente se recogieron su Epistolario (1957) y sus Recados contando a Chile (1957), originales prosas periodísticas, dispersas en publicaciones desde 1925.

1956 Comienza la construcción de la población Rancagua Sur, la más grande de las existentes hasta entonces en la ciudad


La zona regada por los ríos Cachapoal y Colchagua es conocida por su gran fertilidad desde el período prehispánico. Hasta la conquista, esta región era habitada por los índigenas chiquillanes, quienes fueron derrotados en 1545 por los españoles y obligados a vivir, primero en encomiendas como las de Codegua, Doñihue y Pichidegua, y luego en pueblos de indios, destacando el de Malloa. Esta distribución de la población no significó la formación de centros urbanos y sólo por la política de fundación de ciudades fue creada, en 1742, la villa de San Fernando y un año después, la villa de Santa Cruz de Triana, sector que antes de los españoles era conocido como Rancahue (Rancagua). Ambas localidades, al igual que asentamientos menores como Rengo, fundado en 1629 y uno de los más antiguos de la región, Santa Cruz, Marchigüe y San Vicente de Tagua-Tagua; se convirtieron en productores vitivinícolas y establecieron un fuerte intercambio comercial con el resto del reino por medio del Camino Real y con el Virreinato de La Plata por la cordillera andina.




Durante el siglo XIX, los valles de Cachapoal y
Colchagua consolidaron esta orientación comercial,
aunque diversificándola con la producción cerealera.
Después de 1860, la construcción de líneas y puentes ferroviarios estimuló la expansión regional, superando los obstáculos territoriales, aumentando la población de localidades como Graneros y fomentando la aparición de pueblos como San Francisco de Mostazal. Hacia 1890 se intentó convertir a Pichilemu en puerto, pero la inseguridad de los embarques impidió su puesta en marcha, por lo que gran parte de aquella producción siguió siendo exportada por Constitución en el Maule y por Valparaíso.

De la mano de su raíz productiva, tanto el valle de Cachapoal como el de Colchagua, han sido considerados desde los orígenes de la colonia, como un espacio rural típico, que ha desarrollado fuertemente las características propias del campo chileno y las expresiones más características de las costumbres originarias de la identidad nacional.




Durante el siglo XX, Rancagua se convirtió definitivamente en el principal asentamiento regional. En ello fue crucial la explotación de yacimientos cupríferos cordilleranos vecinos por parte de la estadounidense Braden Cooper Company, como El Teniente (1906) y Sewell (1915), en donde se implementó una escala de trabajo industrial. A partir de 1940 y con el impulso de la CORFO, Rancagua aumentó el número de establecimientos agroindustriales. Todos estos factores llevaron a un sostenido aumento de la población de la ciudad, además de materializarse la instalación de infraestructura urbana moderna, como los tranvías eléctricos o el estadio El Teniente, que fue una de las sedes del Campeonato Mundial de Fútbol de 1962. No obstante, en paralelo a estos beneficios, surgieron problemas sociales como el aumento de las tomas de terrenos y la consecuente formación de poblaciones marginales, especialmente en el sector
sur-poniente de la ciudad.
Después de la reestructuración neoliberal de la década de 1970, ambos valles se apartaron del área industrial, orientándose a la exportación de vinos y frutas, mientras sólo El Teniente y pequeños yacimientos continuaron la extracción cuprífera.

Actualmente los desafíos de ambos valles están en el contexto de una economía globalizada, entre el rescate del valioso patrimonio arquitectónico regional y los problemas de marginalidad urbana, asociada al empleo transitorio de temporeras y temporeros en las empresas frutícolas.

1956 10 de julio. El congreso de la FIFA en Lisboa encarga a Chile la organización del 7º Campeonato Mundial de Fútbol


Tras haberle otorgado la realización de la Copa Mundial de Fútbol a dos países europeos consecutivamente - Suiza en 1954 y Suecia en 1958 - el torneo de 1962 correspondía ser organizado por un país sudamericano. El 10 de junio de 1956, en el Congreso de la FIFA en Lisboa (Portugal), para definir la sede de la Copa Mundial de 1962, Argentina y Chile presentaron sus candidaturas. En la ocasión el representante de la candidatura Argentina terminó su discurso con la frase “Podemos hacer el mundial mañana mismo. Lo tenemos todo”. Al día siguiente, el representante chileno Carlos Dittborn realizó una brillante presentación cerrándola con una frase que paso a la historia, “Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”. Inmediatamente se realizó la votación: Chile fue electo con 32 votos a favor, mientras que Argentina recibió 10 votos y 14 países votaron en blanco.

En Chile comenzó de inmediato la organización del 7º Campeonato Mundial de Fútbol con el entusiasta apoyo del recién electo presidente de la República Jorge Alessandri Rodríguez. Sin embargo, los planes de modernización de la infraestructura del país para la realización de torneo, se vieron seriamente afectados cuando el terremoto de Valdivia del año 1960 arrasó con todas las ciudades al sur. A pesar de la tragedia, el Gobierno manifestó a la FIFA su intención de realizar el torneo, comenzando un proceso de reconstrucción del país y de habilitación de las cuatro sedes y estadios donde se llevarían a cabo la justa deportiva: Santiago, Arica, Viña del Mar y Rancagua.




El desarrollo del Campeonato Mundial de Fútbol se realizó entre el 30 de mayo y 17 de junio de 1962. A la final pasó Brasil y Checoslovaquia, mientras Chile y Yugoslavia disputaron el tercer lugar. La tarde del 17 de junio de 1962 Brasil obtenía la Copa Jules Rimet al vencer por tres goles a uno a su rival. Un día antes, la notable actuación de la selección chilena le permitió obtener el tercer puesto del campeonato mundial, al vencer a Yugoslavia por un gol a cero en un Estadio Nacional repleto de gente.

El evento deportivo constituyó una gran fiesta para la sociedad chilena. Se organizaron barras, se compusieron canciones y la televisión hizo su aparición por primera vez en forma masiva al transmitir los partidos en directo, los que fueron vistos por miles de chilenos en las calles donde se instalaron televisores. De esta forma se dejaba atrás la tragedia del terremoto y el país le hacía honor a la frase de Carlos Dittborn: ¡Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo!